
Acostumbrados a que los líderes políticos les rindan pleitesía y les hagan promesas a cambio de su apoyo, los empresarios catalanes del Círculo de Economía se toparon este martes con un giro de guion. Alberto Núñez Feijóo arrancó avisando: “Ya no me engañan“, dijo sobre una invitación hecha en pleno debate de la moción de censura, a la que se refirió como “el elefante en la habitación”. Y les reprochó pedirle pactar con el PSOE “cuando ellos no se asociarían con una empresa corrupta”.
El presidente del PP ignoró su petición de hablar solo sobre la economía, respondió desairado a su petición de apoyar el modelo de financiación autonómica que favorece a Cataluña y advirtió de que “limpiará España, con o sin ayuda”. Allá vosotros, vino a decirles, para sorpresa de la mayoría de los presentes, incluida la presentadora del acto, que admitió la “contundencia” de algunos de sus mensajes, pronunciados con tono muy serio.
En el turno de preguntas ni siquiera se abordó la moción de censura, pese a ser el “elefante en la habitación“, como admitió el propio Feijóo, que se reafirmó en su postura de “no pedir favores ni tampoco ofrecerlos”. “Tengo muy claro que el momento es tan delicado que desaconseja decisiones irreflexivas. Vaya por delante mi agradecimiento a todos los consejos que recibo, pero seguiré actuando con aplomo y responsabilidad, de acuerdo con mis convicciones en cada momento”, avisó, en alusión al llamado ‘cupo catalán‘.
A su llegada al acto, y pese a la insistencia de los periodistas que le preguntaron por el órdago de Junts para ir a Waterloo a negociar la moción, Feijóo intentó no pronunciarse y acabó diciendo al final, después de los cuatro o cinco intentos de la prensa, “vengo a hablar de temas serios“. Desechaba así plantearse siquiera esa posibilidad que retrotrae al partido a 2023, en las semanas posteriores al 23-J en las que el PP estaba en shock.
Sobre la moción de censura, rebajó el suflé, pese a que el día anterior parecía sugerir un posible acercamiento a PNV y Junts porque veía “movimientos“. “No sé qué harán otros. No pretendo remover conciencias. No busco atajos porque lo que conviene atajar es la situación de España“, dijo. “Devolveré la decencia a mi país con ayuda o sin ella”, añadió, en lo que parecía un aviso a navegantes.
Y, por si hubiera dudas, recurrió a un paralelismo: “Ninguno de ustedes llegaría a ningún tipo de acuerdo empresarial con una compañía investigada por innumerables corrupciones, con varios ejecutivos en prisión, sin cuentas depositadas, insolvente, o cuyo único propósito sea llegar al día siguiente”, dijo, molesto por la petición de pactar con el PSOE. “Si esa lógica es válida para una empresa, con más motivo debería serlo para un país”, remató.
Y prometió, también a modo de petición: “En un momento como este hay que poner la responsabilidad democrática por encima de la conveniencia política —que, por cierto, hasta es ciertamente discutible—Cataluña no debería seguir aspirando a lograr las cosas ni por colisión ni por coacción, sino por convicción”, en lo que parecía también un reproche por la voracidad insaciable de los separatistas y los chantajes que plantean a cambio de su apoyo.